SEGUNDO DÍA DE VIAJE: YOGYAKARTA Y PRAMBANAN

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Amanecemos en Indonesia, hoy nos toca visitar la ciudad de Yogyakarta y el templo de Prambanan. Se trata de nuestro segundo día de viaje de novios en Indonesia y estamos emocionados por echarnos a la calle. ¿Nos acompañas?

Madrugamos en Yogyakarta

Durante la primera noche, en los viajes, no suelo dormir muy profundamente. En este tampoco, pero fue perfecto porque una de las cosas que te das cuenta nada más llegar a Indonesia es que la vida se hace antes, al menos que en España. La luz sale temprano y se va de la misma manera así que, para aprovechar bien los días en Indonesia es conveniente adelantar el despertador, salir pronto de casa y así poder disfrutar de todas las horas de luz que nos ofrece el día.

El primer día nos despertamos a eso de las 6.45h y como el desayuno en el hotel Aloha de Yogyakarta se servía entre las 7.00 y las 10.00h fue perfecto. Nos dimos una ducha y salimos al hall del hotel en el que hay un pequeño patio con plantas y unas pocas mesas dispuestas para servir las comidas.

La noche anterior, al hacer el check in, nos preguntaron si querríamos desayuno Indonesio o continental. Recién llegados dimos la única respuesta posible: Indonesio, sin dudarlo un instante. Tanto Rosa como yo teníamos muchas ganas de tomar contacto con la comida del país.

Así pues, cuando nos sentamos en la mesa a desayunar nos sirvieron un café y un desayuno compuesto por refrescantes frutas (Sandía, mango y melón) y por un plato variado que incluía vegetales, huevos cocidos ¡de color marrón!, arroz, pollo, un poco de tortilla y una especie de quiche esponjosa. ¡Vaya manera de arrancar el día!

Mientras devorábamos nuestro primer desayuno javanés, se nos acercó un hombre que no nos quedó muy claro si se trataba del dueño del hotel o de un trabajador atípico. Se trataba de un hombre de entre 60 y 65 años de origen español. Había nacido en Mojacar pero durante el franquismo emigró al norte de África y luego a Francia donde creció. Mezclaba palabras en inglés, con acento francés y algún término suelto en castellano. En el hotel le temían porque se trataba de un hombre con mucho carrete, pero la verdad que tuvimos una charla agradable con él en la que nos contó cómo llegó a Indonesia para estar treinta días y se quedó durante más de cuarenta años.

Caminando por Yogyakarta

Después de lavarnos los dientes nos echamos a andar hacia el centro de Yogya. Durante toda la zona de Prawirotaman, donde se encuentra el Hotel Aloha, llena de vida, nos ofrecieron llevarnos en Bechak, una especie de taxi llevado por un conductor en bicicleta que te transporta de punta a punta de la ciudad por apenas unas pocas rupias.

La verdad es que nos apetecía andar y tomar contacto con la ciudad así que decidimos no subirnos y dejar el viaje quizás para la vuelta. Dimos un paseo de unos 2km hacia el centro y durante el camino fueron muchas las personas locales que se nos acercaron a recomendarnos qué ver y por dónde ir. La verdad que la amabilidad de la gente nos sorprendió mucho. Son muy dispuestos y habladores, a veces en exceso porque tratas de dar por terminada la conversación y no hay manera de irse. Pero desde luego es una gente muy agradable.

Entramos por fin en la zona amurallada de Yogyakarta y no deja de sorprendernos la cantidad de vehículos que circulan por sus estrechas carreteras. No se chocan pese a que cambian de carril incluso con línea continua y un coche de frente. Donde yo pensaba que no cabría un alfiler, ellos encuentran hueco para adelantar una posición, parece que siempre tienen prisa en una calle abarrotada de vehículos y con tráfico constante.

Nos sorprende mucho el trajín de las personas, el ir y venir de familias enteras en una moto, cargadas hasta arriba de garrafas de cocacola, de jaulas y de cestos con gran variedad de cosas. Muchos niños por las aceras, en fin una actividad brutal y abrumadora que impresiona con solo pasear sus vivas calles.

Habíamos leído en muchos blogs, guías, etc. Que la visita a Yogyakarta era prescindible y siento decir que no estamos nada de acuerdo. Entrar a Indonesia por Java y tomar contacto con su ciudadanía en Yogyakarta, ha sido todo un acierto desde nuestro punto de vista.

Indonesia es un país con una enorme densidad de población y respirar el bullicio de los más de cuatro millones de habitantes que van y vienen en esta ciudad nos pareció todo un baño de realidad de la vida indonesa al margen de la de relajación y contemplación con la que más tarde tendríamos contacto.

Los parques de Yogyakarta

Uno de los primeros puntos que había señalado en el mapa, era lo que parecía ser un parque, así venía señalado en google maps. Pero tras ver más de uno de estas características, nos dimos cuenta que consideran que un descampado que ejerce de rotonda, con porterías de fútbol y toneladas de basura en el suelo es un parque.

El barrio de Kraton

Después nos adentramos en los alrededores del barrio de Kraton. Kraton Palace es el palacio del sultán y aún conserva muchos espacios tanto de recreo como de oración propios de otra época que merecen una visita.

Palacio del agua o Water Palace

Precio: 15.ooo rupias (0,90 €) – Incluye el acceso a todo el barrio de Kraton y a la mezquita subterránea

Comenzamos por el Water Palace o Palacio del agua. Después de cruzar sus portaladas con ornamentos y bajorrelieves te adentras en unos patios de palacio que en otra época debieron ser un remanso de paz. Una enorme fuente, más bien un estanque ocupa casi la totalidad de la superficie de su primer patio. En otra época seguro que era un lugar de retiro y sosiego para los habitantes del Palacio de Kraton, ahora somos los viajeros los que disfrutamos de su entorno en el que ya no habita la calma sino la curiosidad.

Después de esta primera estancia se vuelve a cruzar una portalada que nos lleva a una especie de placita redonda con varios puestos y talleres, tanto de Batik como de marionetas. El Batik es el arte del que más presumen en Yogyakarta, una pintura sobre telas a partir de cera derretida con la que realizan los dibujos para luego sumergirlo en tintes y así generar estampados curiosos o pequeños cuadros.

CUIDADO CON LAS FALSIFICACIONES

En esta zona, los locales asaltan a los turistas para enseñar el proceso y después meterlos en la tienda para conseguir vender alguna de sus telas. Según nos comentaron después unos Yogyakartinos (si es que ese es el gentilicio) habíamos hecho bien al no comprar ya que, durante la exhibición, te enseñan el proceso tal y como es pero las telas que tienen dentro para vender son falsificaciones.

También había fabricantes de las famosas marionetas de Yogyakarta y otro tipo de vendedores, pero tratamos de no acercarnos mucho porque una vez lo haces, no te sueltan hasta que les compres algo.

En esta misma placita había otro edificio al que se podía acceder y con un guarda de seguridad en su interior, nos acercamos para observar y nos dimos cuenta que el guarda no guardaba absolutamente nada. La conservación en Indonesia, o al menos en Yogyakarta, no es muy buena, casi todas las estancias están vacías y la gente toca sin ningún miramiento el patrimonio.

Paseando por el barrio de Kraton

Después paseamos por todo el barrio de Kraton, es muy curioso caminar por sus estrechas calles, se mezclan los puestos de pequeñas tiendas con la vida cotidiana de muchas personas de Yogyakarta. Calles con pinturas en las paredes, gallinas que se escapan de las casas, bullicio y hasta una mezquita subterránea. Es bastante curiosa de ver por su construcción en círculo y escaleras concéntricas, como comentábamos antes, no alberga nada de patrimonio, simplemente la curiosa forma de la edificación pero la verdad que nos gustó mucho pasearla.

Nos habían hablado de muchos mercados por la zona, y decidimos adentrarnos en uno de ellos porque nos llamó mucho la atención la cantidad de frutas y productos frescos de todos los tipos que tenían puestos a la venta. Dimos un paseo mezclándonos con su gente y volvimos a la calles.

La mezquita central de Yogyakarta

Terminamos nuestro caminar por el barrio de Kraton y seguimos andando las multitudinarias calles de Yogya, nuevamente coches, motos, animales y gente, mucha gente. No nos dimos cuenta del enorme bullicio de la ciudad hasta que atravesamos por instinto una calle que nos llevó a una plaza recogida y con aire espiritual. No estaba marcada en nuestro itinerario pero nos dejamos llevar.

Allí se hizo la calma, no había a penas ruido, había gallinas y una cabra que nos miraban fijamente. Llegamos andando bajo la mirada atenta de la cabra y de todos los transeúntes (éramos nuevamente los únicos occidentales) a la mezquita central de Yogyakarta.

Un edificio imponente, era hora de rezo así que no quisimos entrar para respetar el culto. Un montón de zapatos reposaban a las afueras del templo mientras comenzaban los cánticos de rezo que tanto han marcado nuestro viaje en Indonesia.

El Palacio de Kraton – Palacio del Sultán de Yogyakarta

Retomamos la ruta y ya entramos por fin al Palacio de Kraton, fue una pena ya que después de recorrer su entrada, su enorme portalada y unas cuantas habitaciones que hacían de museo llegamos a una parte de la muralla cerrada por una enorme puerta de color verde.

Cuando nos informamos para preparar el viaje vimos que había muchas más cosas que ver dentro del Palacio, pero ese día, no sabemos por qué, se encontraba cerrado.

Descansamos un poco las piernas a la sombra de un árbol, donde una familia de Sumatra se nos acercó a charlar un rato. Nos preguntaron de dónde éramos y al comentar que de España, el padre emocionado abrió su ordenador y nos puso un video de los mejores golpes de Rafa Nadal. Era su ídolo y decía que soñaba con viajar un día a verlo jugar en Roland Garros.

Nos despedimos, hicimos un par de fotos a los cochazos del sultán y nos echamos nuevamente a andar. Nos tocaba conocer la zona de Malioboro St. Una zona de mucha actividad comercial y turística (la más de Yogyakarta) con gran cantidad de mercados, puestos de comida callejera y ambiente cargado.

Rumbo a Malioboro Street

De camino hacia Malioboro Street nos detuvimos ante el Palacio Presidencial de Yogyakarta donde, nuevamente, un local se nos acercó para indicarnos que la presencia de militares se debía a que al día siguiente se conmemoraba la declaración de la independencia de Indonesia del dominio holandés en 1945.

Después de agradecerle la información y tratar de despedirnos nos preguntó que adónde nos dirigíamos, tras confirmarle que a la calle Malioboro nos dijo que no, que debíamos ir al Batik Art Gallery. Le dijimos que sí, con la intención de despedirnos pero echó a andar y nos pidió que le siguiéramos, así que no nos atrevimos a negarle su amabilidad.

Se metió por unas calles alejadas de las principales, cruzamos una comisaría muy curiosa de ver y después de una caminata de unos quince minutos llegamos hasta el Batik Art Gallery. La verdad es que no teníamos ninguna intención de comprar telas, nos resultó curioso ver el proceso pero ya está, no queríamos colgar nada de ese estilo en nuestra nueva casa a la vuelta.

Cierto es que tenían mucho más arte que las que habíamos visto en puestos callejeros. Se trataba de una zona con pequeños talleres en los que los maestros enseñaban a los aprendices y allí vendían sus obras. El precio era muy inferior al de las calles más turísticas e iba en función de la trayectoria del artista.

Como el empleado había puesto tanto empeño en mostrarnos el proceso y hablarnos del gran arte javanés no tuvimos más remedio que comprar una pequeña pieza. La verdad es que era bastante bonita, dentro de que no es algo que nos apasione. El precio dentro de que era más barato no es que estuviera tirado, por la nuestra pagamos 200.000 rupias (12€). Las había más baratas pero esta fue la que más nos gustó.

De vuelta a la agobiante e interesante Malioboro, nos dejamos llevar por sus gentes, arrastrar por las riadas de personas que cruzan sus calles, observar las ventas ambulantes, entrar en mercados de todo tipo de productos. Ya bastante cansados nos cogimos un Bechak de vuelta al hotel. Allí habíamos quedado con Sebastian, nuestro guía para Prambanan.

¿Por qué contratar un guía en Prambanan?

Toda la información que llevábamos previa a nuestra llegada a Indonesia, indicaba que es muy fácil moverse hacia los templos de Prambanan y Borobudur. Que hay muchos autobuses públicos y otros shuttle organizados por los hoteles que te llevan y te traen por un precio muy económico. Y es cierto, desde el propio hotel Aloha nos organizaban la excursión por unas 100.000 IDR/ persona (6€). Un precio irrisorio.

Aún así, nosotros decidimos contratar no a un guía sino a EL GUÍA. El gran Sebastian. De verdad que no lo teníamos previsto, simplemente durante el desayuno de ese mismo día escribí a Dian, nuestro guía del viaje en barco por Borneo, para recordarle que el próximo domingo nos embarcábamos con él.

La verdad es que teníamos un poco de miedo porque no le habíamos adelantado nada de dinero para la reserva, simplemente le envíamos un pasaporte, los billetes de avión para venir a recogernos al aeropuerto y listo. Así funcionan en un lugar donde el turismo aún está incipiente y ojalá funcionara así para siempre ¡ qué gusto !

Dian nos contestó que estaba todo controlado y que escribiéramos a su amigo Sebastian que trabajaba de guía en Yogyakarta y eso hicimos.

Sebastian resultó ser un tipo encantador, con buena conversación y un poco de dominio de Español que aprendió cuando vivió en Estados Unidos. Todo un acierto. Sebastian nos fue llevando y enseñando todo lo que aparecía a nuestro paso y siempre con una sonrisa y amabilidad enormes.

SI LO QUERÉIS LLEVAR ORGANIZADO DESDE CASA

La verdad es que tener la ruta organizada desde casa da mucha tranquilidad, sabes que tendrás un guía esperándote y a tu disposición para conocer todos los templos y la ciudad de Yogyakarta. En ese caso os recomendamos que contratéis aquí vuestra excursión porque son unos auténticos profesionales, hablan español y dan toda la confianza de que la excursión será un éxito.

Llegamos a Prambanan 

Precio de la entrada 25€

Después de recogernos en la puerta de nuestro hotel, recorrimos unos pocos kilómetros hasta llegar al templo de Prambanan, una de las visitas que mas ansiábamos. Como habíamos dedicado toda la mañana a visitar la ciudad de Yogyakarta, no habíamos parado ni para comer así que Sebastian se detuvo en un McAuto para que pudieramos comprar algo de comida y seguir disfrutando de la visita.

Por fin llegamos a las inmediaciones de Prambanan y estacionamos el coche en el parking. Sebastian nos guió hasta la puerta dónde había que comprar el ticket para acceder a los templos. La verdad es que tanto los templos de Prambanan como de Borobudur son bastante caros (25€), podríamos decir que tienen precio de España. Pero merecen mucho la pena.

PACK PRAMBANAN + BOROBUDUR (40€)

Si tenéis intención de visitar los dos templos (cosa que os recomendamos), existe la opción de comprar un bono para la visita de ambos recintos. En este caso el precio es menor ya que hacen un descuento. Nosotros no lo disfrutamos porque queríamos conocer Borobudur al amanecer y esta entrada es especial y no estaba recogida en la oferta.
Por entrar al recinto te obsequian con una bebida. No nos detuvimos mucho, pedimos un par de cafés rápidos para lanzarnos lo antes posible a los templos.

Cientos de templos en Prambanan

Prambanan es un complejo compuesto por una infinidad de templos hinduistas. La gente, muchas veces piensa que solo se trata de los tres templos dedicados a Brahma, Vishnu y Shivá junto con los de sus guardianes ya que es lo que aparece en casi todas las fotos y postales. Pero nada más lejos de la realidad, se trata de ciento y pico templos que datan del siglo IX y que en su conjunto forman uno de los lugares más venerados por los hinduistas de todo el mundo.

No vamos a negar que los más impresionantes y mejor conservados son los que todos conocemos, pero es una pena que muchos de los turistas que se desplazan hasta allí solo visitan estos. Bueno, por un lado es una pena pero por otro nos permitió gozar de esos otros templos menos conocidos practicamente en soledad.

Dedicamos la tarde a subir y bajar sus escaleras, deleitándonos con su magia y sus impresionantes imágenes. Además, no se trata solo del valor arquitectónico sino del enclave en el que se encuentran que es maravilloso.

Sebastian nos iba indicando a qué divinidad veneraba cada uno de los templos y contando un poco de la historia del lugar. También nos contó que hoy, muchos de los templos están en ruínas y algunos en restauración a causa de los diferentes terremotos que han sacudido la zona. Sobre todo, por culpa del que en 2006 azotó la isla de Java, en esta ocasión, uno de los templos principales fue afectado perdiéndo su cúspide que hoy reposa en el suelo para rememorar aquél atroz suceso.

Alejándonos de los templos principales

Continuamos nuestra marcha y nos alejamos un poco de los templos principales. Nos vamos dando cuenta de que la cantidad de gente baja considerablemente y eso nos trae mucha paz. Hay que tener en cuenta de que se trata de un templo muy venerado y por ello hay grandes cantidades de indonesios procedentes de todas las partes del país (sobre todo de Sumatra) que se acercan hasta éstos templos.

Pero claro, nosotros queríamos una visita en profundidad y para ello Sebastian nos vino estupendamente. Dejamos atrás los grandes templos y paseamos por unos campos muy apacibles, ya solo ecuchábamos el sonido de la naturaleza y el de las explicaciones de Sebastian.

👈 Como veis en esta foto en la que estoy haciendo el mono, en esta zona no había un sólo turista.

Por fin llegamos a un segundo asentamiento, como es  lógico no está en tan buen estado como el primero pero aún así su visita merece la pena. ¡Gracias Sebastian!

* Sebastian, nuestro guía en YogYakarta

* Los pequeños y solitarios templos de Prambanan.

Hasta la próxima Prambanan

Paseamos todos estos templos en soledad, aprovechando cada rincón y cada segundo de tranquilidad después de la visita a una ciudad tan bulliciosa como es Yogyakarta. Poco a poco vimos como se iba poniendo el sol y se empezaron a escuchar los primeros cánticos en los minaretes próximos al complejo de Prambanan. Era la hora de irse.

Muy a nuestro pesar abandonamos el recinto para subirnos al coche de vuelta a nuestro hotel Aloha. Todavía nos quedaba una hora de viaje para realizar los escasos 18km que nos separaban de Prambanan pero ya sabéis, el tráfico de Yogyakarta y de Indonesia en general es así. Es parte de su encanto.

Nuestro primer susto con los bancos en Indonesia

Veréis que a lo largo del blog haremos mucho hincapié en que tengáis cuidado con los bancos en Indonesia. Nos pasó absolutamente de todo, ya lo veréis. Pues bien, esta noche en Yogyakarta, después de degustar unas ricas pizzas en Aglioo Pizza tuvimos el primer susto.

Nos estabamos quedando escasos de efectivo y necesitábamos bastante para pagar nuestro viaje en Klotok por Borneo así que nos acercamos a un cajero para retirar dinero. Introducimos la tarjeta y nos la escupe de vuelta dando un mensaje de error. Teníamos miedo a que nos la tragara así que no insistimos. Si buscáis dónde sacar dinero en Yogyakarta en la zona de Prawirotaman hay bastantes cajeros así que nos desplazamos a otro. Éste segundo nos dejó procesar la extracción de dinero pero cuando le tocaba darnos los billetes nuevamente dio error.

Nos empezamos a poner nerviosos porque no aceptaban ni la tarjeta de Rosa ni la mía. Repetimos el proceso en muchos ATM de la zona hasta que ya desesperados dimos con uno del banco Mandiri que si nos dió el dinero.

Bendito Mandiri

Tratamos de sacar el máximo permitido tanto de mi tarjeta como de la tarjeta de Rosa y como era de noche y llevábamos muchos billetes ni siquiera lo contamos.

Llegamos al hotel creyéndonos multimillonarios pero el máximo permitido en este banco 1.250.000 rupias equivalía a unos 65€  ¡Qué ruína… a dormir se ha dicho!

Mañana más y mejor

Mañana nos toca madrugar, haremos excursión al volcán Merapi y nos desplazaremos a los alrededores de Borobudur. ¡Mañana será un gran día!

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Éste es nuestro segundo post sobre el viaje a Indonesia. De corazón esperamos que os sirva a organizar los vuestros. Si tenéis alguna sugerencia o comentario para mejorar dejádnoslo aquí abajo y os lo agradeceremos eternamente.

Juan y Rosa

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